Una tarde del verano de 1948, Lucas del Pozo, un joven de 18 años, trabajaba en la huerta de melones familiar en el área conocida como Pechofuerte, en el término municipal de Alameda. Una repentina humareda le sorprendió y, mientras investigaba lo que ocurría preocupado por el estado de sus melones, vio cómo descendía del cielo lo que describió como "una olla exprés" con capacidad para una persona. Mientras la manta de humo no dejaba de crecer, descubrió a su lado a una pequeña criatura humanoide, de poco más de un metro de altura, con la cabeza alargada y ojos tan pequeños "como dos puñaladas en un cartón", bocas y orejas grandes, brazos desproporcionadamente largos y piernas muy cortas, vestido con una especie de mono y calzado con sandalias. Del Pozo escuchó a aquella criatura hablar un idioma ininteligible pero comprendió que le preguntaba por la tarea que realizaba en el campo, así que le respondió que sembraba melones. Para ilustrar su explicación, entró a un pequeño almacén contiguo en el que guardaba los ejemplares recolectados y tomó uno en sus manos; al salir, comprobó que la humareda se había hecho más espesa y que tanto la olla exprés como el extraño ser habían desaparecido. El suceso, del que el mismo protagonista dio testimonio en varias ocasiones, puede sonar a cómico, pero se trata de todo un clásico en la ufología mundial y el primer encuentro en la tercera fase documentado de la Historia. Ahora, el periodista malagueño José Manuel Frías, colaborador habitual de programas de radio y televisión como Milenio Tres y Cuarto Milenio, responsable del programa Extremadura insólita en la televisión autonómica extremeña y articulista en revistas como Más allá y Año Cero, lo ha recogido junto a otros muchos episodios paranormales en su libro Málaga insólita. La ruta del misterio, que publica Círculo Rojo.
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